Instituciones que fortalecen las trayectorias de quienes hacen cultura en los territorios
Siete Instituciones de Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano fortalecen las trayectorias de quienes hacen cultura en los territorios y, en la primera cohorte del componente de ETDH, acompañan a artistas y gestores culturales en procesos de formación, cualificación y certificación que amplían sus conocimientos y herramientas..
BOGOTÁ, JULIO 2026. La Fundación Nacional Batuta, en articulación con el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, continúa fortaleciendo el acceso a la Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano (ETDH), como parte del Proyecto Integral de Educación y Formación Artística y Cultural del SINEFAC, en el marco del programa Artes para la Paz.

En esta primera cohorte, artistas y gestores culturales de distintas regiones del país avanzan en procesos de formación, cualificación y certificación orientados a fortalecer sus trayectorias y ampliar sus oportunidades en el sector cultural. La iniciativa contempla 1.400 cupos y se desarrolla a través de siete Instituciones de Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano ubicadas en Cundinamarca, Antioquia, Magdalena, Quindío y Caldas.
Para muchas de las personas que hacen parte de estos procesos, regresar a un espacio de formación significa poner en diálogo años de experiencia con nuevos conocimientos, herramientas y perspectivas sobre el quehacer artístico y cultural. No se trata únicamente de aprender: también es una oportunidad para dar valor a trayectorias construidas desde la práctica, fortalecer capacidades y proyectarse hacia nuevos escenarios profesionales.
La experiencia también merece reconocimiento
En el Tecnológico de Artes Débora Arango, uno de los procesos está orientado al reconocimiento de aprendizajes previos en el campo de las prácticas escénicas. Para José Octavio Castro Bedoya, decano de la Facultad de Prácticas Escénicas, esta posibilidad tiene un valor especial para quienes llevan años haciendo cultura en sus territorios:
“Esta es una oportunidad muy valiosa para los agentes territoriales, aquellos sabedores y sabedoras, agentes culturales activos que están haciendo arte y cultura en los territorios, pero que no han tenido la oportunidad de certificarse”.
El proceso también tiene una dimensión personal. Nelcy Amaya Orozco, participante de uno de los programas, destaca lo que significa que su experiencia pueda encontrar hoy un reconocimiento formal:
“Para mí este proceso de redignificar ha sido hermosísimo porque ya teníamos una trayectoria, somos empíricos, con diferentes años de experiencia y es muy importante volver a sentir que todos estos años valieron la pena y tener un título de lo que hemos hecho por años”.
La certificación, en este sentido, no parte de cero: se construye a partir de conocimientos, experiencias y oficios que ya hacen parte de la vida cultural de los territorios.
Volver a aprender para seguir creando

La formación también abre espacios para actualizar conocimientos y encontrarse con otras disciplinas. Andrés Felipe Castañeda, estudiante del programa Técnico Laboral por Competencias en Cine, Televisión y Artes Escénicas del Tecnológico de Artes Débora Arango, destaca el valor de regresar a estos espacios:
“Muchos dentro de nuestro campo de acción tenemos una experiencia, pero ha quedado de lado la formación y volver a estos espacios formativos es muy importante porque volvemos a reafirmar conocimientos, reafirmar la pasión por lo que hacemos y encontrarnos con otras visiones del quehacer cultural”.
Esa posibilidad de ampliar herramientas también está presente en Fundanza, donde se desarrolla el programa Técnico Laboral en Interpretación para la Danza. Una de las estudiantes señala: “Siento que este programa tiene unas fases donde nos amplía nuestro conocimiento técnico, los tipos de danza, los ritmos, la parte musical también se fortalece”.
En otra de las experiencias recogidas en esta institución, una estudiante sintetiza el proceso desde la posibilidad de seguir creciendo: “El mundo del arte es tan extenso que todavía nos falta mucho por aprender”.
Distintas disciplinas, una misma apuesta
La primera cohorte reúne procesos formativos en campos como gestión y promoción artística, cine, televisión, artes escénicas, danza y danza folclórica colombiana, entre otros. A través de siete IETDH con experiencia en estos programas, la iniciativa conecta territorios y disciplinas y responde a las necesidades y vocaciones culturales de cada contexto.
En la Escuela Nacional de Educación ESAT, por ejemplo, el programa Técnico Laboral en Gestión y Promoción Artística, con énfasis en teatro de títeres, fortalece competencias para el desarrollo cultural, la organización de proyectos y la difusión del arte. El proceso también pone en discusión el valor de oficios que históricamente han tenido menor reconocimiento. Entre sus participantes se destaca la necesidad de entender el títere no como un arte menor, sino como una disciplina y un oficio en sí mismo.
Estas experiencias muestran que la educación artística y cultural puede responder a realidades diversas: desde quienes buscan formalizar una trayectoria construida durante años hasta quienes buscan nuevas herramientas para enseñar, crear, gestionar o ampliar sus campos de acción.
Fortalecer a quienes sostienen la vida cultural de los territorios
Más allá de la formación individual, el componente ETDH busca fortalecer capacidades para la creación, circulación, gestión y sostenibilidad de iniciativas culturales, contribuyendo a consolidar trayectorias formativas y laborales en el sector artístico y cultural.
En este proceso, la Fundación Nacional Batuta articula el trabajo con las instituciones participantes y contribuye a ampliar las oportunidades de formación y certificación para artistas y gestores culturales de distintas regiones. Esta apuesta hace parte de la estrategia de Artes para la Paz para consolidar una educación artística y cultural más accesible, pertinente y conectada con las realidades de los territorios.
Porque fortalecer a quienes hacen cultura también es fortalecer las capacidades con las que los territorios crean, enseñan, gestionan y construyen comunidad.



